27 feb. 2016

Somos más que unas pocas palabras




Muchas veces nos piden que nos definamos en  una, tres o cinco palabras. Que nombremos como nos sentimos, cuales son nuestros sueños, nuestros planes para el futuro, que es lo que queremos cambiar y un largo etc. Tenemos que sintetizarlo todo en unas pocas palabras, que ni siquiera forman una frase, solo palabras, sustantivos, adjetivos, verbos.

Tenemos que plasmar  lo que queremos decir en solo ciento cuarenta caracteres, o en una foto que muestre todo lo que estamos sintiendo. ¿Pero cómo hacemos esto? 

El ser humano es complejo, enroscado. Es imposible encasillar a una persona en una sola palabra. Nunca podría definirme o definir a otra persona con tan pocas letras. Necesitamos un rio de tinta para poder expresar toda la inmensidad de la naturaleza humana. 

Así que hay que dejar de titular a las personas bajo una oración de una, tres o cinco palabras. Hay que cerrar la boca y no hablar hasta que sepamos la historia completa. Solo después de haber leído todos los capítulos de su historia podremos empezar a comprender y ni siquiera entonces podemos juzgar, porque no somos ellos y ellos no son nosotros. Cada humano es tan complicado que ni el mismo se entiende así que menos aún vamos a entenderlo nosotros que solo vemos una pequeña parte del total.

Cada persona es única y compleja y hermosa a su manera y hay que entender que nunca vamos a entender todos los motivos ni razones. Hay que entender que hay cosas que no son comprensibles, pero no por ello menos reales. Hay que entender que somos más que unas pocas palabras.

14 feb. 2016

Rara, desubicada, lejana




Supongo que todos nos sentimos un poco especiales, en algún momento de nuestras vidas. Pero yo, la mayoría del tiempo me siento más que especial, bastante rara, hasta desubicada, como si estuviera siempre en el lugar equivocado.

Siempre voy a contracorriente. Pienso de manera distinta y mientras todos avanzan hacia adelante, yo voy en diagonal. La mayoría del tiempo me siento como una espectadora. Miró todo a través de un vidrio, sin entender que es lo que está ocurriendo, sintiéndome lejana.

No concuerdo con la mayoría, y lo que es más alarmante, tampoco deseo hacerlo. Estoy perfectamente de acuerdo con mi manera de pensar, con mi filosofía de vida. No digo que el resto este mal, así como tampoco creo ser la equivocada. No creo que haya incorrectos, solo personas, cada una con su locura.

Tal vez sea por todo esto por lo que tanto necesite escribir. Pienso demasiado, lo analizo todo, observo más que hablar y luego tengo que ponerlo por escrito. Tengo que poner en papel todas mis dudas, porque solo escribiendo encuentro respuestas, solo escribiendo empiezo a entender el mundo que me rodea. Y así logó de alguna manera entenderme a mí misma y no me siento tan lejana, tan incomprendida.

9 feb. 2016

Volvamos a lo básico: Leer por placer




Basta.

Basta de lecturas apresuradas, de leer por alcanzar un número, como si esto fuera alguna clase de competencia.

Basta de blogs que solo buscan seguidores y editoriales que les den libros gratis.

Basta de leer lo que otros nos dicen que leamos.

Basta de lectores que solo leen porque está de moda y luego se olvidan.

Basta de reseñas que no son sinceras, de hablar bien de un libro solo porque al resto le gusto.

Basta de hacer siempre lo mismo.

Basta.

Últimamente he sentido que por momentos se pierde el sentido de la lectura. Hay muchos libros que se ponen de moda y tienes que leerlos sí o sí y rápido porque hay una larga lista de lecturas pendientes que le sigue. 

Por supuesto también hay que conseguir muchos seguidores, porque eso es lo que importa, lo que atrae a las editoriales. 

En todo esto ¿Dónde quedo la verdadera lectura? ¿Dónde quedo el leer por el simple hecho de leer?
Yo digo que digamos basta. 

Nos olvidemos de los must-read, los retos, las reglas, los best-seller, los seguidores, las editoriales, las modas.  Leamos porque estamos aburridos, porque queremos escaparnos, porque la cola del banco es muy larga, porque hace demasiado frío o demasiado calor. Leamos con pereza, disfrutando de cada hoja, que nadie nos corre. Démonos el gusto de releer nuestros favoritos. Démosle una oportunidad a ese libro que nadie conoce pero que el otro día nos llamó la atención.

Yo digo que digamos basta y volvamos a lo básico: leer por placer, leer como si fuéramos niños, sin responsabilidades ni consecuencias.

3 feb. 2016

La necesidad del futuro escritor




Nos encanta escribir, sentarnos frente a la computadora y tipiar por horas, llegar a ese punto final que indica que hemos ganado la carrera. Porque cuando uno se embarca en una historia no es cuestión de velocidad, si no de resistencia. 

Vamos por ahí diciendo a todo el mundo que vamos a ser escritores, que recuerden nuestro nombre que algún día van a verlo impreso en letras grandes en la portada de un libro, y no uno cualquiera, ni más ni menos que un best-seller. Total soñar es gratis.

En la oscuridad de la noche soñamos con el día en que conozcamos a alguien en un bar y podamos decirle “Soy escritor/a” y que podamos nombrar al menos un par de libros que hemos escrito y no solo darle el nombre del blog que tenemos y solo algunos leen. 

Pero antes de convertirnos en escritores propiamente dichos (¿alguien puede decirme cuando sucede eso porque yo todavía no lo he descubierto?) necesitamos inspiración y apoyo, pero no de nuestros amigos y familia. Ellos son simples mortales, no entienden el insomnio que puede causar una historia que aún no sabemos cómo finalizar. 

Necesitamos el consuelo de las únicas personas que si nos entienden: otros escritores. No cualquier escritor, tiene que ser un escritor que nosotros admiremos. Pero lo más importante es sentirse identificado. Si uno lleva a cabo una búsqueda exhaustiva puede encontrar que todo escritor ha dejado al menos una confesión por escrito. Un recuerdo de su pasado, un flashback de cuando todavía no eran escritores. Y es esa confesión redactada en un momento de nostalgia la que nos salva. 

Necesitamos saber que ellos también se han sentido inseguros en algún momento de su vida, que han tenido una adolescencia difícil, que nunca fueron del grupo de los populares, una prueba de que ellos también son humanos.

Todos los futuros escritores además de escribir, disfrutamos infinitamente leyendo y nada mejor que encontrarnos reflejados en ese autor que tanto admiramos.

Lo necesitamos. Lo necesitamos con urgencia. Porque descubrir que tu autor favorito empezó escribiendo cuentos de terror en los recreos mientras el resto de sus compañeros jugaban en el patio, significa que ellos no son tan distintos. Significa que nosotros no estamos tan lejos.