13 sept. 2017

Leer para salvarnos



Sigo a muchas personas que escriben. No solo escritores con libros publicados, sino también a personas, que como yo escriben por el simple hecho de que no saben cómo no hacerlo. Entre ellas sigo a las chicas de Postales a Casa, un blog que les recomiendo leer.  Y leyéndolas sentí como si me sacaran del agua. 

Creo que leer a la persona indicada nos puede salvar. Leerlas en ese momento me hizo volver a respirar, sentirme un poco menos sola. Ellas mismas lo dicen: “Se escribe para alargarle la mano a alguien y salvarlo del agua”.  Se escribe para salvar y para salvarnos pero leer también salva. Nos salva de la soledad y de las inseguridades, de la ignorancia y de la arrogancia. Nos hace darnos cuenta de que somos únicos pero también de que no somos los únicos que lo somos. 

Leer sobre escritura me llena de energías, es una especie de empujón que me impulsa a seguir, que no deja que baje los brazos. También me hace darme cuenta de lo mágico  y personal que es el proceso de escritura. Cada persona tiene sus rituales y sus manías. Pero todos escribimos para lo mismo: salvar y salvarnos. 

Ese post, en ese momento, me salvo y me hizo sentarme a seguir escribiendo. 

Se escribe para salvarte a vos


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9 sept. 2017

El anonimato de los cuerpos



Encienden las luces intermitentes que no me dejan ver, hacen que me maree, que el mundo se mueva en cortocircuito. Cierro los ojos porque si no me pierdo. Me quedo donde estoy con los ojos cerrados. Me empujan y mi cuerpo pierde su forma, deja de ser mío, pasa a formar parte de los demás cuerpos. Ya no soy yo, me dejo ir en el vodka con jugo que tomé antes, en la música que no me sé, en las personas que se mueven a mí  alrededor.
Hace calor. Mis brazos tocan brazos. Alguien me toca la espalda, me corro como si me hubieran quemado. Vuelvo a ser consiente de mi cuerpo. Me quiero ir. Me falta el aire y ya me cansé de bailar. Mi cuerpo se mueve de un lado a otro por inercia. Ya no lo controlo. Está en piloto automático. Ya no sonrió. Estoy cansada. No hay nadie que quiera ver y cada vez que me muevo siento miradas sobre mí que no busco.
¿Vamos? Dice una de las chicas. Las sigo a través del tumulto que se mueve y me mueve, que me lleva, estoy a punto de perderme, pero llegamos a la puerta negra. El patovica la abre y veo una franja de luz artificial. Salgo a la noche. Respiro el aire frío de la madrugada. Alzo la vista buscando la luna pero el cielo está cubierto por una capa gruesa de nubes de un naranja grisáceo. Va a llover. Las chicas se empiezan a alejar. Las sigo.
A media mañana cuando estoy durmiendo demasiado lejos de todo eso, se larga a llover pero yo no me entero.


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6 sept. 2017

Releer(nos)



Estoy esperando que me contesten un mail. Me impaciento y reviso la bandeja de entrada varias veces por día.  De pronto se me ocurre la posibilidad de que no me contesten y entonces, me acuerdo de que escribí una entrada sobre todos esos mails que nadiecontesta. Rebusco en el blog y la encuentro. Leo despacio.  Es una sensación extraña. Me estoy leyendo a mí misma, pero es como sí fuera otra persona. Es otra versión de mí que ya había olvidado. El tiempo pasó y cambie, mis palabras cambiaron. Al mismo tiempo resuena en mi cabeza un pequeño eco, como sí eso que escribí hace tanto todavía estuviera archivado en algún cajón de la memoria.
Releer lo que uno ha escrito hace mucho es una tarea extraña, un poco melancólica. Pero creo que también necesaria. Necesitamos releernos para saber que hemos crecido, que hemos mejorado, para darnos cuenta de todo el camino que hemos recorrido.
Es por eso que los invito a que relean sus escritos, que vuelva atrás en su blog y recuerden quienes fueron no hace tanto tiempo atrás.

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1 sept. 2017

Cada pisada, una palabra



Caminar me relaja, me deja pensar. 
Y cuando pienso escribo.
Lo escribo todo en mi cabeza, en una pequeña libreta imaginaria.
Escribo lo que me pasa y lo que no me pasa, lo que quisiera que me pasara.
Cada pisada es una palabra más que voy anotando con tinta invisible.
Pisada palabra, palabra pisada.
 Mi cabeza funciona como una máquina de escribir que tipea palabra tras palabra.
Mientras más camino más escribo.
Luego las palabras se van y nunca llego a pasarlas al papel.
Son historias de aire que nadie va a leer, que ni yo voy a recordar.
Pero en ese momento en que voy caminando, y las palabras se suceden una tras otra,
me siento casi como si fuera una escritora de verdad
sentada frente al mar escribiendo una gran historia.

17 ago. 2017

Pensamientos mientras pinto una pared



Primero los bordes con pincel,
porque si no pinto el techo.
Eso me dijo mamá.
Después con rodillo.
Me subo a la escalera.
De arriba todo se ve más chico.
¿Cómo nos vemos nosotros desde arriba?
Empiezo.
Primero pincel, después rodillo.
El rodillo rueda por la pared
y salta pintura.
Tengo estrellas blancas en los brazos y las manos.
Una constelación completa.
El blanco no tiene por qué ser un color aburrido.
Hay más luz en la pieza.
Hay más espacio.
Menos cosas.
Una cama  menos.
Mi hermana se fue hace mucho
Pero recién ahora saque la cama.
Ahora  queda una sola cama.
Ahora estoy sola.
Ahora tengo estrellas en la cara.
Pintura en las zapatillas.
Hay algunas manchas en el suelo.
El blanco no llega a tapar el rosa que había antes.
No podemos ocultarnos.
No importa cuanta pintura usemos.
Termino.
Me duelen los brazos.
Pero la pieza huele a pintura.
A nuevo.
Casi como si me hubiera mudado.


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