10 ago. 2017

Cadena de clicks



Entro a una página, digamos un blog, y encuentro un post acerca de un libro. Empiezo a leer y en el segundo párrafo, tercera oración el blogger comenta que leyó ese libro por la recomendación de otro blog y pone el link para ir a su página. Por curiosidad doy click y aparezco en otro blog que escribe acerca de viajes y entro en la pestaña de About Me y descubro que colabora con una revista. Doy click en el nombre y me lleva a la revista. En ella encuentro un artículo sobre páginas en las cuales se pueden descargar libros gratis y doy click. Y así no termino más. 

A veces siento como si internet fuera una telaraña de la cual es prácticamente imposible salir. Entro a ver algo pero siempre termino encontrando más de lo que buscaba. Hay demasiada información flotando en el aire, tantas oportunidades, tantas opciones. Y es imposible no querer saber más. Esta todo tan cerca. Todo a un click de distancia. 

Pero ¿Cuánto de toda esa información realmente necesitamos? ¿Tanta información nos hace felices? ¿Tantas opciones nos hacen más fácil elegir o al contrario lo hacen más difícil? 

Cuando pienso en cómo eran las cosas antes, pienso que la vida era más simple y siento que quizás por eso había menos problemas, menos enfermedades, menos stress. No se puede retroceder pero creo que se puede frenar un poco. Tomar un respiro y mirar desde un costado. Todavía tenemos poder de decisión, cada vez es menos pero tenemos que hacer uso de él. 

Quiero decidir qué hacer con mi tiempo y quiero decidir que a veces no quiera saber tanto, que no necesito saber tanto. Si no me entero de algo está bien. No tengo porque saber todo lo que está sucediendo en el mundo, ni todo lo que está de moda, ni todo lo que ya no está de moda. 

A veces mientras más leemos y más nos informamos menos sabemos. Nos pasamos tanto tiempo mirando las pantallas, click tras click que nos olvidamos de lo que está pasando a nuestro alrededor. Nos olvidamos de hasta respirar. 

Es por eso que quiero dejar de saber tanto y quiero ver más, sentir más, respirar más.


No se olviden de seguirme en Instagram y Facebook


7 ago. 2017

Ese llanto que duele

Hace poco vi una charla de Ted en donde Hernan Casciari, un escritor argentino, hablaba del llanto contenido por años tras la muerte de su padre, del duelo, del llanto que finalmente explota y ese duelo que por fin puede cerrarse como un círculo que se termina de unir.

Era una charla sobre el llanto, sobre cómo cinco años después de la muerte de su padre está en Costa Rica, en un hotel y ve una foto de su padre y hace lo imposible para no largarse a llorar en medio de todos esos turistas. Pero finalmente tuvo que llorar y  yo escuchando sobre su llanto también me largué a llorar. Hay personas que lloran todo el tiempo por todo. Yo no soy de esas personas. No suelo llorar mucho y cuando algo me emociona suelo reprimir ese llanto porque ¿A quién le gusta llorar? Pero esta charla quebró todas mis defensas y me hizo llorar mucho.

Fue ese llanto que duele, que te frunce la cara y te nubla la vista. Te raja el pecho a la mitad. Tuve que poner pausa, tomar aire varias veces, tranquilizarme y recién después pulse play.

Una vez que la termine de ver me quedé pensando, con los ojos rojos y el pañuelo apretado en la mano. Quizás no lloré sólo por la charla pero por todas esas cosas por las cuales hacía rato que no lloraba.

Dicen que llorar es bueno, que ayuda a liberar energía, a sentirnos un poco más livianos. Llorar es una forma de expresarnos tan válida como la risa y entonces ¿Por qué lo reprimimos? ¿Qué es lo que nos avergüenza tanto?

Quien daba la charla había tardado cinco años en llorar la muerte de su padre. Cinco años reprimiendo el llanto y el dolor de una muerte. Quizás llorar sea una manera de admitir que estamos mal. Quizás signifique derrumbarnos, volvernos débiles. Pero quizás llorar, también sea el primer paso para dejar de estar mal.

Por si quieren ver la charla se la dejo, es muy bonita:





No se olviden de seguirme en Instagram y Facebook




3 ago. 2017

Nueva Iniciativa: #escrituracreativa

Todo el mundo te dice que si quieres ser escritor/a tenes que escribir todos los días, que como con casi todo en este no queda otra más que practicar y practicar. No hay atajo para mejorar. Hay que sentarse y escribir, una palabra y luego otra, y luego otra.

Pero a veces no sabemos que escribir, la inspiración nos abandona y estamos solos frente a la página en blanco, esa página que tanto miedo puede llegar a dar. Por eso es bueno buscar estrategias, ejercicios o juegos que nos ayuden a no frenar, que nos obliguen a escribir, que nos devuelvan la inspiración.

Es por esto que voy a empezar esta nueva sección en la que les iré trayendo distintos ejercicios para no perder la inspiración y continuar escribiendo todos los días.

Hoy les traigo uno de los más básicos de todos, pero también, en mi opinión, uno de los más difíciles porque no tiene demasiados secretos. La idea es agarrar una hoja en blanco y empezar a escribir sin pensar en lo que estamos escribiendo, hay que dejar que la escritura fluya. No hay que preocuparse por  la puntuación ni por la coherencia. Es bueno elegir una palabra, un adjetivo o un verbo y empezar desde allí. La idea no es escribir el primer capítulo del próximo best seller, la idea es sencillamente desbloquearse y lograr armar algunas frases que luego pueden llegar a ser algo. En ese primer momento la idea es movernos.

Estando en el trabajo, agarré una servilleta de papel y me obligué a simplemente escribir algo. Esto fue lo que salió:

Kamikaze fue el conjuro para despertar del sueño y caer al mar frío y helado, al hielo congelado que pisas cuando caminas hacia el precipicio en busca de una estrella de la cual colgarte, una estrella que te salve de la luz de la luna y te deje deslizarte en su curva de sonrisa.


Espero que el ejercicio les sirva y se animen a intentarlo. 

No se olviden de seguirme en Instagram y Facebook